Aprendí a sonreír con los dientes cerrados
A guardar el veneno detrás del estoy bien
Mi pulso no tiembla, pero está calculado
Cada insulto tuyo lo archivo en mi sien
No es paz lo que tengo, es control entrenado
Un teatro impecable de falsa quietud
Porque dentro murmuran los no invitados
Y ninguno conoce virtud
No confundas silencio con rendición
Ni mi calma con falta de intención
Si no actúo, no es por compasión
Es porque sé cuánto pesa la prisión
Soy un monstruo educado, bien presentado
Con modales que esconden la demolición
No me ata la culpa ni el daño causado
Me detiene el peso de la ley y el perdón
Código y cielos vigilan mi pulso
Derechos escritos sujetan mi voz
Si rompo el contrato que llamas cordura
No quedaría nada de los dos
Te acercas, provocas, disfrutas la herida
Como si ignoraras de lo que soy capaz
Yo cuento hasta diez, y después toda la vida
Para no atravesar esa frágil paz
No hay nobleza en mí, hay cálculo frío
Un pacto forzado con lo racional
Porque sé que si cedo al oscuro vacío
No hay regreso, ni bien, ni final
Son cadenas de tinta y de autoridad
Son sermones clavados en la moral
No es tu vida lo que me hace parar
Es el precio imposible de pagar
Soy un monstruo educado, bien presentado
Con modales que esconden la demolición
No me ata la culpa ni el daño causado
Me detiene el peso de la ley y el perdón
Código y cielos vigilan mi pulso
Derechos escritos sujetan mi voz
Si rompo el contrato que llamas cordura
No quedaría nada de los dos
A veces imagino el mundo sin red
Sin jueces, sin culpa, sin fe que temer
Y me asusta lo fácil que sería caer
Lo natural que sería romper
No eres tú, soy yo contra mí
Una guerra callada que nunca elegí
Y si hoy sigo aquí sin cruzar el umbral
No es bondad, es un frágil ritual
Soy un monstruo educado, contenido, sellado
Una bomba que aprende a no detonar
Cada norma es un hilo que me ha sujetado
Cada ley, una jaula que evita el final
Reza fuerte, confía en el orden
Agradece al miedo que aún me detuvo
Porque el día que rompa todo lo que me contiene
Ni el infierno sabrá qué lo trajo al mundo
Así que no celebres mi quietud
Es solo el ruido que aún no escuchas tú